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El Cuerpo como Lugar de Representaciones y Prácticas Artísticas

OrlanPor Rosario Gómez 
A lo largo de la historia, ininterrumpidamente, la representaciones plásticas del cuerpo han sido muy prolíficas ya sea desde la concepción del dolor, la pasion, el amor, la seducción, la abyección, la deformación o la desarticulación. Asistimos, en la postmodernidad artística, a una apropiación del cuerpo en la acción o performance hasta su posterior proceso de transformación a partir del empleo del nuevo instrumental tecnológico. Hallamos que el cuerpo y sus funciones son la cohesión entre arte y vida dentro de las concepciones empleadas en la acción, performance, happening y el ritual o evento como procesos translingüísticos que se multiplican a partir de los 60. Estas orientaciones coinciden con la época de los discursos de la liberación sexual.
Históricamente, estas prácticas surgen frente a la industrializacion y la mediatización para afirmar la autenticidad de la naturaleza y la importancia de los actos humanos. Con el tiempo los propios Marcelí Antúnez. Afasiaartistas aprenderán a servirse de los media para articular sus propios mensajes fuera de los circuitos convencionales.
Estos eventos evolucionaron hacia denuncias contra la discriminación social en función del cuerpo y fueron potenciadas por colectivos antiracistas, feministas y homosexuales. Tomaron forma tanto de ritual como de exaltación de un acto cotidiano, incluyeron categorías sexuales,  provocaciones y en general actos que desmarcasen el acto artístico de las categorías artísticas tradicionales y que mostrasen la indifencia por al producción de objetos de arte como mercancía especulativa.
Es interesante destacar que en el paso de la década de los ochenta a la de los noventa, la denuncia social y política coexistió con el planteamiento crítico cuerpo. El cuerpo se convirtió en un lugar nada neutral ni pasivo, sino más bien obsesivo en el que convergieron y se proyectaron a la vez prácticas artísticas y discursos críticos.
En este retorno al cuerpo, cuyo referente más específico es el Body Art de finales de los sesenta y setenta, el artista, más que trabajar el cuerpo como soporte o indagar en las zonas más profundas del subconsciente individual y colectivo, lo recuperó en tanto que imagen para abordar una pluralidad de experiencias relacionadas con el ejercicio físico, la manipulación genética, la cosmética, la sexualidad, la enfermedad, el placer, la muerte o la escatología. Un cuerpo con mucho de antropomorfo, de autobiográfico, de orgánico o de natural, pero también de artificial, postorgánico, semiótico, construido, posthumano y abyecto.
Destacan las performances tecnológicas de la artista Orlan que en los años 90 comenzó a esculpir su propio cuerpo con cirugía para adaptarlo a la fisonomía de figuras artísticas emblemáticas del arte europeo como La Venus de Boticceli o la Psyque de Gérard.
La obra de Stelarc relacionaba la tecnología con su propio organismo, introduciendo cámaras en sus pulmones, estómago e intestinos. Posteriormente, evolucionaría hacia el conceptode cyborg, extensiendo su cuerpo en la tecnología. En España, nuestro cyborg más representativo es Marcelí Antúnez, que antes de seguir su carrera en solitario, fundó el grupo parateatral La Fura del Baus.