El Culto a la Diosa. Líneas de Supervivencia

Por Rosario Gómez

Durante el paleolítico, el culto a la Diosa Madre era normativo, la sexualidad estaba relacionada con los ritos de fecundidad de la naturaleza, la cópula sagrada era la hierogramia, el matrimonio de los dioses a favor de la fertilidad. Varios autores coinciden en que durante este período, la igualdad entre los sexos viene justificada por varios indicios. El varón no era consciente de su participación en la reproducción humana a la que se atribuía un origen misterioso.
El tiempo y los asentamientos neolíticos trajeron grandes cambios en los destinos de la humanidad y una vez asumida la participación del hombre en la dinámica de reproducción, éste comenzó a imponer sus criterios. Se dice que fueron los pastores nómadas hindúes los que impusieron el espíritu fálico que, en su larga evolución, desterraría los viejos ritos ginolátricos, otras teorías apuntan que fue en Mesopotamia donde se comenzó a producir este tipo de cambios.

Las relaciones entre sexo y poder son muy antiguas y conflictivas. El espíritu fálico se erigió con el poder e hizo evolucionar las religiones hacia el monoteísmo, alzándose contra el paganismo de la Diosa. La fijación por la virginidad es un rasgo típico de las sociedades patriarcales que pretenden controlar en la mujer su capacidad para engendrar hijos.

Como nos explica André Van Lysebeth, escritor belga y reconocido yogui, en el régimen patriarcal, donde el linaje va de padre a hijo y los bienes al hijo mayor, el hombre debe apropiarse de la mujer y de su sexo, encerrarla físicamente, por ejemplo en un harén y socialmente en una red de reglas y de obstáculos unidos a castigos disuasorios en casos de adulterio e imponer la virginidad hasta el matrimonio y cuando el hombre lleva esta lógica hasta sus últimas consecuencias, se llega a las mujeres cosidas y a las ablaciones. 
Con el concepto de sucesión matrilineal este problema no existe, nadie pone en duda la maternidad de la descendencia, es ciencia. El principio matrilineal aún hoy perdura en Kerala (India). Cabría pensar, de una forma esperanzada, que la matrilinealidad dejaría al hombre sin razones frente a una buena parte de las atrocidades que se comenten contra la mujeres en los cinco continentes, basadas originariamente en el control de la reproducción. Más difícil será erradicar la inercia de las actitudes aprendidas históticamente, marcadas por la fuerza bruta. Confiemos, al menos, en que nuestra cultura occidental imponga, a través de los sistemas educativos y desde la infancia, una corrección positiva de las actitudes sexistas abusivas y que encuentre argumentos solventes para ayudar a nuestras congéneres de otras civilizaciones que no encuentran salida a tanta barbarie.

LA PERVIVENCIA EN EL TIEMPO
Espiritualmente hablando, las diosas se van transformando, así la diosa madre queda transformada en tempestuosa esposa, como Hera o en monstruo abatible por el héroe de turno, como Gorgona, Ninfa, Sirena, personificando los miedos de los hombres. Estas actitudes todavía perduran en algunas representaciones contemporáneas, tal como denuncia Erika Borkay en su libro Las hijas de LilithSin embargo, el espíritu de la Diosa madre y amante continuó aflorando de forma intermitente a los largo de la historia y hay indicios de ello. El culto a la diosa no ha muerto, solo se ha transformado. Es llamativo como el simbolismo y el culto a la Diosa Madre se ha manifestado en ubicaciones geográficas muy dispares y sin aparente contacto. Pachamama, Virgen María, Isthar o Maya son formas de reaparición de la fuerza sagrada de la feminidad tan relegada espiritualmente por algunos. Otra vía de supervivencia han sido siempre los cuentos de hadas y seres prodigiosos llenos de luz radiante y aliada.

Robert Graves, considerado un gran exponente de la antropología, en su libro La Diosa Blanca, reconstruye el lenguaje mágico de la Europa antigua mediterránea y septentrional, vinculado a ceremonias religiosas populares en honor a la diosa Luna. Nos narra cómo en Europa y Oriente Próximo existían culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema. 

Graves llega a acusar a Sócrates de “homosexualidad intelectual”, pues al volverle la espalda a los mitos poéticos a través de la filosofía, la volvía también a la Diosa que los inspiraba; el intelecto masculino tratando de hacerse autosuficiente nos ha privado a lo largo de la historia de nuestro derecho a la integridad, comportaría así un extravío que se ha de corregir en favor de un mayor reconocimiento de las aportaciones culturales femeninas y se ha de traducir en una mayor harmonía en la relación con la naturaleza, colocando en primer plano el ecocentrismo, el respeto a La Madre Tierra en la que se sustenta la biodiversidad.

Pervivencia en Grecia y los cultos mistéricos

Por otra parte, tal como nos apunta Georges Feuerstein, a pesar del avance de la falocracia, resultaba difícil inhibir socialmente las fuerzas de veneración a la Gran Diosa y se practicaban cultos mistéricos a la sombra de la religión oficial en todo el Mediterráneo. El éxtasis mistérico era un refugio frente a la hostilidad del medio social, los fieles eran sobre todo labradores y otros grupos sociales relegados.
En compañía de la Divinidad erótica y sus entusiastas seguidores se diluían las diferencias sociales y económicas, las mujeres podían expresarse en libertad, las religiones mistéricas eran verdaderos cauces emocionales. Los cultos mistéricos más notables fueron los de  Deméter y Perséfone, Afrodita y Adonis, Cibeles y Atis, isis y Osiris, Eurídice y Orfeo y el dios andrógino Dionisio.
 
El Cristianismo
En esta religión el cuerpo se opone al alma y las prácticas sexuales fuera de la procreación se consideran impuras, el espíritu de la diosa queda reflejado como hemos apuntado anteriormente en el culto a la Diosa Madre y Virgen y se recoge de un modo especial y en cierto modo subversivo, en los cantos gozosos de El Cantar de los Cantares del rey Salomón, hijo de David que contravienen la dinámica habitual de rechazo a los placeres corporales, es por eso que la ortodoxia religiosa apunta que se trata de una relación espiritual entre la iglesia y la divinidad.
Con San Agustín, St. Tomas y otros miembros de la patrística, se endurecieron las críticas al placer corporal y la iglesia silenció con fuego el espíritu de la diosa que emergía en las mujeres condenadas por brujería.

El Judaísmo
Según Raphael Patai, los hebreos conocieron el culto a la diosa y este culto fue retomado en el s. XVI por el floreciente esoterismo judío, La Cábala. Toda la historia de Israel está jalonada por la reapariciones del culto a la diosa como podemos ver en los dos ejemplos que siguen.
La reina Maacah madre de Asa, quinto rey de la casa de David, que luchó contra el paganismo hereje, también fue apartada por haber hecho una imagen de Asera, nombre de la principal deidad femenina venerada en el antiguo Canaán, Fenicia y Siria. Los fenicios la llamaban Astarté, los asirios le adoraban como Istar y los filisteos tenían un templo de Asera (1 Samuel 31:10). Considerada la diosa de la luna, Asera fue presentada a menudo como consorte de Baal, el dios del sol (Jueces 3:7, 6:28, 10:6; 1 Samuel 7:4, 12:10). Asera también era adorada como la diosa del amor y de la guerra y a veces estaba vinculada con Anat, otra diosa Cananea.
La Reina Atalía de Judá durante el período (842 a. C.-837 a. C.), aproximadamente, fue la única gobernante femenina. Durante su reinado, toleró el culto al dios Baal, por lo que se ganó el odio de los sacerdotes de Yavé. 
Los resurgimientos paganos conllevan el hábito de la sexualidad sagrada, tan denostada, según Ray Tannahill, porque personificaba el culto de dioses que no eran Yavéh.

India
En la India, el espíritu del culto a la diosa reaparece en las prácticas tántricas, las dos fuerzas opuestas de la naturaleza se unen en Shiva y Satki en una danza eterna de la que surge la vida. Algunos autores como André Van Lysebeth, señalan que por su alejamiento del poder de los brahmanes, de corte marcadamente fálico, el tantrismo siempre ha sido perseguido en la India.

La juglaresca medieval y renacentista se asocia igualmente a la línea de supervivencia del espíritu de la Diosa prepatriarcal, la mujer es vista en su dimensión supranatural, como un ser al que hay que rendir culto y pleitesía. Robert Graves, apuntaba en su libro La Diosa Blanca, que la poesía era un lenguaje mágico vinculado con ceremonias populares en honor de la Diosa Luna, Madre Tierra, Dadora De Vida (o algún otro de sus mil nombres). La invocación a las Musas mantendría el nexo de unión con los principios poéticos y artísticos de la vida asociados a la Diosa.
En nuestra civilización contemporánea se reivindica el culto a la diosa desde las visiones holistas y transpersonales que buscan el enraizamiento en la zona más profunda del ser y el respeto profundo a la naturaleza. Autores como Edward Whitmon o Georges Feuerstain mencionan en sus libros la nostalgia y necesidad del retorno a la diosa, de revalorización de los aspectos femeninos de la personalidad más receptivos para contrarrestar los efectos devastadores del capitalismo.

Jerry Mander, “En ausencia de lo sagrado” defiende que no conoce indígenas nativos que no llamen Madre a la tierra, desde Indígenas americanos, aborígenes del desierto australiano, nativos de las islas del Pacífico, indígenas de las selvas ecuatoriales, inuits del Canadá ártico… 
Los indios Seattle nos han dejado un legado conceptual en esta misma línea, el culto a la diosa madre. “Enseñad a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra. Si los humanos escupen a la tierra, se escupen a si mismos. Porque nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al ser humano, sino el humano a la tierra. Todo está relacionado como la sangre que une a una misma familia. El ser humano no creó el Tejido de la Vida, sino que simplemente es un hilo de él. Lo que le haga a ese tejido, se lo hace a sí mismo.” Jefe Seattle 

Hoy en día la Asamblea General de Naciones Unidas considera la “Madre Tierra” como una expresión utilizada en diversas culturas para referirse a nuestro planeta y que ejemplifica la interrelación profunda entre todos los seres del globo. La hipótesis Gaia, del químico James Lovelock, que plantea que nuestro planeta se comporta como un sistema autorregulado para posibilitar la vida, es una reactualización científica de ese sentimiento o esa necesidad de unión entre la Tierra y el hombre y todos los seres que viven en ella, así mismo las teorías fractales de Maldebrot nos hablan de una interrelación planetaria en la que los fenómenos de distintas áreas geográficas quedarían interrelacionados en una relación de efecto-causa, se entiende la tierra como una unidad orgánica y viva.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA
La sangre del león verde: http://www.lasangredelleonverde.com/la-evolucion-del-culto-a-la-diosa-madre/
Europa Indígena: http://www.europaindigena.com/1%C2%AA-parte-el-paleol%C3%ADtico/i-cosmovisi%C3%B3n-ind%C3%ADgena/1-la-unidad-sagrada-de-la-vida/
gotquestions.org. ¿Quién era Asera?: 
http://www.gotquestions.org/Espanol/quien-asera.html
Atalía: 
https://es.wikipedia.org/wiki/Atalía
Wikipedia. Robert Graves
Borkay, Erika. Las hijas de Lilith
Feuerstein, Georg. La Sexualidad Espiritual
Lovelock, James. Gaia
Mircea Eliade. Tratado de Historia de las Religiones; Editorial Cristiandad, primera reimpresión 2011.
Graves, Robert. La Diosa Blanca. Robert
Van Lysebeth, André. Tantra, el culto a la feminidad
Whitmont, Edward. El Retorno de la Diosa
Wilber, Ken. Conciencias sin Fronteras
Wilber, Ken. Más allá del ego 

Otros Libros alusivos al tema
Marija Gimbutas, “El lenguaje de la Diosa”
Jerry Mander, “En ausencia de lo sagrado”
Mitología salvaje. Guillermo Piquero