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La Sexualidad en la Prehistoria

Por Rosario Gómez
Para tratar los capítulos de Historia de la Sexualidad en el Arte, cuento con la valiosa aportación del colectivo Ars erótica, especializado en el tema, que permite insertar sus presentaciones de distintos capítulos de la historia en otras publicaciones. Esta presentación aporta valiosas imagenes e interesantes comentarios alusivos al tema. En líneas inferiores, me hago eco de los descubrimientos que la Fundación Atapuerca ha publicado acerca del llamado Sexo de Piedra y de algunas consideraciones del Doctor en filosofía Georges Feuerstein.
 
 
El arte es un componente de la cultura, que refleja en su concepción, los sustratos económicos y sociales  y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo. En el pasado, ya desde el paelolítico, el reflejo de las creencias y costumbres sexuales encontraron su reflejo en el arte, son habituales las figurillas de fertilidad neolítica, también se han hallado sonrisas extáticas, representaciones eróticas en santuario budista de Kali en India, etc.
[1] La Fundación Atapuerca presentó en 2010 una exposición sobre  el tema del sexo en el Paleolítico comisariada por Javier Angulo y Marcos García Díez que se ha basado en los datos de su libro Sexo en Piedra (Ed. Luzán 5, 2005).
 
Según estos investigadores, es poco lo que sabemos del comportamiento de nuestros ancestros. Las investigaciones de Angulo y García sugieren que desde hace más de 25.000 años los miembros de nuestra especie hemos disfrutado de los placeres del sexo más allá de la reproducción. Es más, parece que la homosexualidad formaba parte de la cultura social del Paleolítico superior. Los objetos en piedra hallados en varios yacimientos europeos representan una evidencia muy clara sobre el derroche de imaginación de nuestros antepasados en la búsqueda de nuevas experiencias sexuales.
"Las conductas sexuales actuales son una constante cultural y biológica desde hace al menos 40 mil años", explicó antes del acto inaugural el científico Marcos García, uno de los encargados de la muestra. No sólo se han mantenido conceptos como el sexo por placer o para la reproducción, que ya se registraba en cuevas y resguardos de hace miles de años, sino incluso conductas sexuales que hoy están "mal vistas", en palabras de García.
En la muestra se recogen ejemplos prehistóricos de sexo oral, 'voyeurismo', masturbación y zoofilia. El sexo sin reproducción, incluida también la homosexualidad, forma parte de la etología social de los Lesbianismo. Sexo de Piedra. Fundación Atapuercabonobos (Pan paniscus); pero estamos ante un comportamiento fijado en el genoma de esta especie de chimpancé, con el objetivo de disipar la agresividad y facilitar la sociabilidad de los miembros del grupo.La homosexualidad pudo suceder en otras especies de Homo, pero únicamente los miembros de Homo sapiens hemos dejado constancia arqueológica de su existencia hace varios miles de años, mucho antes de que la moralidad de tantas y tantas culturas actuales pusiera veto a su práctica normal.
[2]Siguiendo a George Feuerstein, en la prehistoria hay un predominio del conocimiento mágico, entendiendo la magia cono un tejido de fuerzas poderosas que influyen en la vida individual. Fue el filósofo y mago renacentista Maximiliano Ficino quien comprendió claramente la índole erótica de la magia en su Amore (VI.1).
El carácter visual, imaginario de la magia se advierte en las pinturas rupestres dela Edad de Piedra. Un ejemplo asombroso que involucra la sexualidad, es el dibujo paleolítico, descubierto en Argelia, que el psicoanalista Eirch Neumann reprodujo en su aclamada obra The Great Mother (La Gran Madre). Se trata de siluetas de mujer con los brazos levantados, un hombre con un arco y tres animales. Ambas figuras parecen estar desnudas. Lo más notable es que los genitales de la mujer y el pene del hombre están unidos por algo que podría entenderse como una línea continua de energía. Quizás represente un ritual de transmisión de poder a un cazador. La mujer invoca a lo invisible sagrado.
El dibujo capta la esencia de la relación mágica de la humanidad paleolítica con el mundo y la sexualidad. Al tiempo revela la quintaesencia de la magia misma, consistente en una conexión energética entre seres y cosas que trasciende los límites del espacio y el tiempo. Para Neumann, la mujer sería el prototipo del caldero alquímico que contiene el poder y el potencial mágico, si el hombre no experimenta esta realidad en un sentido positivo, experimenta a la mujer como un receptáculo fatal que traga y devora el falo, castra y usurpa la virilidad del hombre. De esta percepción negativa nacieron las formas terribles de la Diosa: la hindú Kali, la semita Lilith, la azteca Xochipilli-Cinteotl.
Venus de Laussel Desde las más antiguas esculturas como la Venus de Willendorf, las representaciones de relaciones sexuales de los templos hindúes de Suria y Kahjuraho, hasta los murales descubiertos de las ruinas de Pompeya, que destacan infinidad de escenas eróticas, desde Giovanni Boccacio y Bernini hasta la violencia erótica de Sade, la sexualidad humana continuamente se ha impuesto, confrontando la energía sexual reprimida.
En sociedades antiguas se aprecian múltiples representaciones de sexo explícito, que lejos de causar pudor y escándalo, eran muestras de poder y admiración. Ya durante el Paleolítico nos encontramos con imágenes de penes y vulvas unidas fuertemente a la fertilidad y la procreación. Data entre el 9000 y el 7000 a.C la primera cópula representada: la piedra de Ain Sakhri, hallada en el desierto de Judea.
Para ciertos eruditos, las estatuillas representan una deidad femenina asociada al culto de la fertilidad. Considerando que se la veneraba como origen de toda vida y no solo de la vida del clan, la historiadora Elinor W. Gadon la ha llamado también Madre tierra.  Hay opiniones informadas como la del prehistoriador francés  André Leroi-Gourham de que las figuras Venus no eran objetos sexuales sino artefactos con una función sagrada, importantes en una compleja visión metafísica del mundo. Para Leroi, por lo común, los símbolos masculinos y femeninos se yuxtaponían, los primeros tendían a ser periféricos y los segundos centrales. Ello sugiere la existencia de una elaborada metafísica del sexo, que sin duda se manifestaba en los ritos. Estamos en los albores de una espiritualidad erótica en cuya trama las ideas de tierra fecunda, fertilidad humana, creatividad cósmica, procreación y ciclos biológicos y corporales se entrelazaban con la vida práctica.
Al contrario de los que se cree popularmente, parece que los clanes paleolíticos no estaban dominados por el género masculino. De las imágenes artísticas se desprende que las mujeres no sólo iban a cazar con los hombres sino que hacían también de chamanas. Ni siquiera el arte era prerrogativa de los hombres. Por lo que sabemos, las sociedades de cazadores recolectores, es muy probable que fueran igualitarias, con un ligero desequilibrio hacia el hombre.
[3]Según apunta Feuerstein para entender adecuadamente las creencias del Palo y Neolítico sobre fertilidad y sexualidad sacramental, hay que comprender la filosofía mágica subyacente. El vínculo, era para ellos la noción mágica de lo sagrado, la fuerza secreta y oculta que obra en el silencio. Nuestros antepasados experimentaban la cópula como  una co-participación  directa con el ciclo de las estaciones o las cosechas.
Para nosotros, aunque hayamos perdido la sensibilidad unitiva, el sexo  puede llegar a ser  una manifestación del misterio.
Se presume que fue en el neolítico, con la invención de la agricultura y la ganadería cuando la mujer pasó a cobrar el estatus de pertenencia del hombre, perdió, en terminología del filósofo francés Michael Onfray, la igualdad metafísica con el hombre. Sabemos, a través de Gerda Lerner, que la transición fue paulatina y todavía se adoraba a la Diosa Tierra y pervivía cierta espiritualidad erótica. Lo sagrado y lo profano no se escindefalos copiar full portraitn según demuestran los hallazgos arqueológicos. La abundancia de símbolos masculinos y femeninos indica la celebración de un rito de fertilidad, la cópula divina entre el Dios y la Diosa, la hierogamia.
La gran Diosa se mostraba también como andrógina y se asociaba con toda clase de animales, bestias salvajes, aves y serpientes, abejas y mariposas. Su pervivencia se relegó con la llegada de los agresivos pueblos de pastores a la India,  Medio Oriente y el Mediterráneo. El machismo actual es sucesor,  según el historiador Reay Tannahill, de la moral y la filosofía de unas pocas tribus hebreas nómadas o la India moderna de los pastores indoeuropeos del Rig-Veda [4] . El principio fálico, llegaría a ser el modus operandi de las sociedades urbanizadas. Las consecuencias son visibles hasta esta época de gran devastación ecológica.
En la religión y la metafísica, el órgano generador masculino pasó a ser visto como el lugar potente de la realidad numinosa. El pene, en su carácter de phallos, mereció tanta reverencia como por milenios había merecido la vulva. Los procesos involuntarios de la inseminación llevaron a creer que en el falo operaban las fuerzas de la divinidad. Las representaciones de la fantasía popular se transformaron en figuras de grandes penes que pervivieron en el antiguo Egipto.
 
[1] Sexo en Piedra
[2] Feuerstein, George. La Sexualidad Sagrada (pag.65)
[3] Feuerstein, George. La Sexualidad Sagrada (pag.69)
[4] Feuerstein, George. La Sexualidad Sagrada (pag.80)
http://arttroop.com/blog/2013/09/25/arte-y-sexualidad/