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Cruce de Caminos para un Arte Tecno-Antrópico

Rosario Gómez
Este apartado sobre Cultura y Tecnología trata de ayudar a dilucidar, brevemente, cómo evolucionan los conceptos artísticos desde las rupturas vanguardistas y la posterior inmersión en la era digital, hasta nuestro tiempo en que los conceptos de interdisciplinariedad, interactividad, virtualidad, vida artificial, big data..., se han ido imponiendo en las diversas tendencias artísticas.
Me interesa la relación arte-tecnología comprendida como intersección nodal de conocimientos entre la subjetividad (Dureé de Bergson) y el tiempo funcional, una intersección que se impone de modo contundente en la postmodernidad, con el deseo de ampliación del concepto de arte a territorios propios de la ciencia y la tecnología. Parece una intersección fructífera, en cuanto que pretende promover una visión humanista y creativa sobre los grandes avances inhumanos del capitalismo avanzado. Quizás,  como pensaba Octavio Paz en La Llama Doble, la gran decadencia de nuestro mundo se debe a habernos alejado del antropocentrismo, el gran pilar sobre el que se apoyaron nuestros antepasados desde la antigüedad. Cabe matizar esta idea para poner de relieve que en la actualidad desde el antropocentrismo debería de abrirse paso un concepto mucho más amplio, el de ecocentrismo que contempla el equilibrio global del planeta y nos resitúa en el espíritu ancestral de la tierra madre que todavía defienden algunas culturas tribales, los movimientos ecologistas y la nueva era especialmente.
BREVE EVOLUCIÓN SOCIAL
Es interesante comprender que a través de los distintos movimientos de la Historia del Arte, el imaginario artístico evoluciona siempre en función de las condiciones sociales de cada época y que con frecuencia se plantea como representación de los valores de las clases dominantes, sean religiosas o laicas, como un vehículo de ostentación social o de mediación de mensajes para el pueblo. Sólo en el período moderno, con el avance de la cultura de masas, el artista, con un creciente desarrollo de la individualidad, va prismatizando la realidad de un modo altamente subjetivo y este hecho ayuda a profundizar en la creación de señas de identidad para el hombre del capitalismo, desconcertado ante realidades que rebasan sus dimensiones vitales. Desde los inicios de la reproductibilidad técnica hemos asistido al retroceso de la sociedad de élites y al avance de la sociedad de masas, ello conlleva un fenómeno cultural interesante en el que las relaciones entre arte y publicidad se hacen cada vez más simbióticas y condicionantes de los modelos culturales.
La sociedad de los Mass Media se ha desarrollado de un modo tan intenso que el individuo queda desdibujado ante el ingente número de imágenes y mensajes que circulan socialmente, condicionando la mentalidad pública con los recursos estilísticos que propician los medios electrónicos y la tecnología digital. En la sociedad red, como diría Jamenson, hemos cambiado la patología cultural y pasada del sujeto alineado por la del sujeto fragmentado, presa de la constante recepción accidentada de mensajes, en terminología de Omar Calabrese.
Éste hecho no pasa inadvertido a los artistas que de un modo u otro se posicionan frente a la problemática de la representación bien a través del apropiacionismo con el fin de recomponer discursos a partir de los ya existentes o con una postura activista de concienciación política a través de los mismos medios de difusión (los media). Junto a esta toma de posturas apreciamos además una convivencia exhaustiva de múltiples tendencias diluidas en el marco de la diversificación cultural propia de nuestro tiempo, siendo ésta, por primera vez en la historia, la época en que los movimientos artísticos no evolucionan por acción y reacción sino que conviven en armonía mixtificada, cara al avance de un mercado capaz de absorber cualquier tendencia.
Se imponen nuevos géneros como documental, el fotoperiodismo, el video arte, el net-artismo, el arte interactivo, el arte biométrico, el arte en la big-data etc.