Teorías del alma en la antigüedad

Las representaciones simbólicas del alma son tan numerosas como las creencias acerca de ellas. Una idea, aunque sea breve sobre las creencias es imprescindible para la inteligencia de los símbolos.
Muchos de los textos seleccionados están recogidos en uno de los más completos y apasionantes textos publicados sobre el tema de la simbología: El Diccionario de Símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant de la editorial Herder. 2ª ed. 1986.
I ching (China)

Dios se manifiesta al surgir el signo de lo suscitativo, hace que todo sea pleno en el signo de lo suave, deja que las criaturas se perciban mutuamente con la mirada en el signo de lo adherente (de la luz), hace que mutuamente se sirvan en el signo de lo receptivo; da alegría en el signo de lo sereno; lucha en el signo de lo creativo; se afana en el signo de lo abismal; los lleva a la consumación en el signo del aquietamiento… I Ching (Libro de las mutaciones)

Occidente ha tendido a reprimir cada vez más lo trascendente, esta represión tan difundida como sutil es más responsable del descontento de nuestra desdichada civilización actual que toda represión de sexualidad, hostilidad, la agresión o cualquiera de las otras represiones superficiales que pueden actuar en los niveles superiores del espectro. Ken Wilber. Conciencia sin Fronteras

Psicoanálisis
Desde un punto de vista analítico, habiendo mostrado que el alma es un concepto con múltiples interpretaciones, Jung dirá que corresponde a un estado psicológico que debe gozar de una cierta independencia en los límites de la conciencia… El alma no coincide con la totalidad de las funciones psíquicas (Designa) una relación con lo inconsciente y también …una personificación de los contenidos inconscientes…Las concepciones etnológicas e históricas del alma muestran claramente que es ante todo un contenido perteneciente al sujeto, pero también al mundo de los espíritus, a lo inconsciente. Es por ello que el alma siempre tiene en sí misma algo de terrenal y de sobrenatural” (JUNT; 251-255).

Terrenal ya que está puesta en contacto con la imagen maternal de naturaleza, de tierra; celestial, pues lo inconsciente desea siempre ardientemente a luz de la conciencia. Es así que el anima ejerce una función mediadora entre el yo y el sí constituyendo este último el núcleo de la psique.
El ánima, según Jung, comporta cuatro estadios de desarrollo; el primero, simbolizado por Eva, se sitúa en un plano instintivo y biológico. El segundo, más elevado, conserva sus elementos sexuales. El tercero está representado por la Virgen María, en quien el amor alcanza totalmente el nivel espiritual. El cuarto es designado por la Sabiduría. (JUNS, 185). ¿Qué significan estos cuatro estadios? La Eva terrenal, considerada como elemento femenino, progresa hacia una espiritualización. Si admitimos que todo lo terrenal posee en lo celestial su correspondencia, la Virgen María debe ser mirada como la cara terrenal de la Sophia que es celestial.
Así vemos que el alma individual deber recorrer esas cuatro etapas.- Eva, en nosotros es llamada en un movimiento ascensional a purificarse, a fin de imitar a la virgen María, descubriendo en sí al niño de luz (el puer aeternus), su propio sol.
Retendremos aún otra definición dada por Jung: “El ánima es el arquetipo de lo femenino que desempeña un papel de muy particular importancia en el inconsciente del hombre”.
Si el anima es el indicio femenino del inconsciente del hombre, el animus, según Jung, es el indicio masculino del consciente de la mujer o, también, el anima es la componente femenina de la psique del hombre y el animus la componente masculina de la psique femenina (JUNM, 125, 446).
El alma, este arquetipo de lo femenino es, siguiendo las épocas históricas, más o menos activa. Se despliega sobre todo ante los místicos.

En un período eminentemente espiritual como e siglo XII, es perfectamente normal que se manifieste en dos planos totalmente diferentes, es decir, correspondiendo a dos grados privados de relación directa, situados en zonas independientes, pero progresivas.
Estos dos planos concuerdan con el segundo y el tercer estadios precisados por Jung; así se encuentra en el siglo XII el amor cortés y el amor a la Virgen María. En el interior de estas dos tendencias, encontramos en el siglo XII la importancia dada al alma, a la naturaleza, a la dama (la de la tierra y la del cielo), a la Eva que todo hombre lleva en él y de la que Bernardo de Claraval sabrá distinguir el sitio exacto que le corresponde en el ser. Uno y otro de esos amores nacen del alma y se dirigen al alma, pues proceden de un retorno instintivo a uno mismo.
En toda la tradición de la hechicería, el hombre puede vender su alma al diablo, para obtener a cambio lo que desea sobre la tierra. En formas múltiples es el pacto de Fausto con Mefistófeles. Pero una leyenda alemana añade que el hombre que ha vendido su alma deja de tener sombra (TERS, 26).
¿Es eso un eco de las creencias en las dos almas, en el doble de los antiguos egipcios? ¿No es mas bien simbolizar el hecho de que aquél ha perdido toda existencia propia?
La sombra sería entonces el símbolo material del alma así abandonada, que pertenece en lo sucesivo al mundo de las tinieblas y no puede ya manifestarse bajo el sol. Si ya no hay sombra, es que tampoco hay luz, ni consistencia.
Las concepciones tan diversas del alma y de las almas, cuyo mero enunciado exigiría volúmenes, se traducen en obras de arte, leyendas, imágenes tradicionales, que son otros tantos símbolos de realidades invisibles que actúan en el hombre. Estos símbolos quedarían cerrados de no referirnos a las creencias sobre el alma de los pueblos que los han imaginado.
No hemos hecho más que esbozar, a vuelo de pájaro, algunas de estas creencias, para invitar la intérprete de los símbolos a aplicar bastantes reservas y matices cuando hable de los símbolos del alma. ¿De que alma se trata?. La famosa contienda del animus y el ánima, a pesar de la sutileza de un Henri Bremond y de un Paul Claudel, se halla lejos de haber expresado todo el contenido de las intuiciones humanas, tan ricas en su incoherencia, sobre este principio vital que hace algo más que enlazar una porción de materia y un soplo de espíritu, que los une substancialmente en un mismo sujeto.
Jean Chevalier/Alain Gheerbrant. Diccionario de los Símbolos. Ed. Herder 1988. pp.81-82

Cristianismo medieval
El sentido místico del alma se ha desarrollado en la tradición cristina. El grado espiritual alcanzado por los místicos no incumbe de ninguna manera a la psicología, su alma está animada por el Espíritu Santo.
El alma presenta diferentes partes. Siguiendo a San Pablo, los místicos distinguen el principio vital del principio espiritual, el psíquico del pneumático; solo el hombre espiritual está movido por el Espíritu Santo.
Aludiendo a la palabra de Dios, San Pablo la compara a una espada que penetra hasta el punto de división del alma y espíritu (Heb. 4,12). La transformación espiritual resulta necesaria para revestir al hombre nuevo.

s. XII
En el s. XII, la importancia dada al alma individual, a su evolución interior, a las etapas e la vía de la perfección, es considerable. Basta para convencerse con citar algunos autores: Guillermo de Champeaux, Hugo de Saint Víctor, Guillermo de Saint Thierry etc.
San Agustín ejercerá una gran influencia entre los latinos en la concepción del alma del s.XII. Discierne el fondo del alma y su cima (De Trinitate, 14, c.6).
El hombre es espíritu y carne: spiritus et caro y es a través de las distintas regiones del alma que importa buscar a Dios. El elemento espiritual en el hombre es llamado mente mens, nombre que retendrá la tradición escolástica, en cuanto actúa como principio activo de las operaciones espirituales.
Para Guillermo de Saint Thierry, La mente es poder del alma y sede de la sabiduría, por la cual el hombre se une a Dios y goza de su presencia.
Las divisiones del alma concuerdan con las etapas espirituales tan a menudo simbolizadas en las obras de arte.
Guillermo de Saint-Thierry, amigo de Bernardo de Claraval, benedictino y luego cisterciense, ha precisado esas relaciones en una carta enviada a los frailes de la cartuja de Mont-Dieu (DAVS). Retengamos solamente aquí su terminología a propósito del alma; el anima designa el alma vivificadora del cuerpo; el alma en su disposición espiritual será llamada animus.
Antes de alcanzar la estabilidad y espontaneidad, el animus- es decir, el alma que busca a Dios y desea recobrar su semejanza divina- debe estar formado. El alma vuelta de la semejanza y reformada a la imagen de Dios según su estado original será llamada animus bonus. Guillermo recibe la influencia de San Agustín, cuyo vocabulario referente al alma utiliza imágenes corporales. El estado razonable es propio de quien progresa atento al Espíritu que lo forma. El estado perfecto es el del hombre espiritual iluminado por el Espíritu Santo y tendente a realizar la unidad de espíritu con Dios. A cada estado corresponde una cualidad del amor proporcional a la medida de la unión con Dios.
Jean Chevalier/Alain Gheerbrant. Diccionario de los Símbolos. Ed. Herder 1988. Pág. 80

Entre los Griegos
En el tiempo de la Ilíada: “el alma, psykhe como anima en latín, significa exactamente soplo. Sombra, eidolon, es propiamente hablando unan imagen. Por último el espíritu es designado por una palabra material, phrenes, el diafragma, sede del pensamiento, y de los sentimientos, inseparables de un soporte psicológico (Jean Defradas).
Por influencia de los filósofos, los griegos distinguieron a continuación en el alma humana partes, principios, potencias o facultades.
En Pitágoras, la psique correspondía a la fuerza vital; la sensibilidad (aisthesis) a la percepción sensible; el nous a la facultad intelectual, único principio específicamente humano. Conocido es el paralelismo desarrollado por Platón (República, libro IV) entre las partes del alma y las clases o funciones sociales. Aristóteles distingue en el nous el intelecto pasivo del intelecto activo, que será, en las especulaciones ulteriores, identificado con el Logos y con Dios. La noción de pneuma no intervendrá hasta más tarde, en la literatura de tendencia teológica, como la de un alma llamada a vivir en la sociedad de los dioses, soplo puramente espiritual que tiende hacia las regiones celestiales.
Aunque se enraíce en el pensamiento de Platón, que se desarrolla seis siglos más tarde en Plotino, sólo en los primeros siglos de la era cristiana dará nacimiento a toda una pneumatología, para alcanzar su pleno desarrollo en el gnosticismo. La teología simbólica no encontrará mejor imagen para expresar lo que es el alma-espíritu que la del aliento, que sale de la boca de Dios.
Jean Chevalier/Alain Gheerbrant. Diccionario de los Símbolos. Ed. Herder 1988. Pág. 79

Pensamiento Judío
Devolver el alma es morir. Animar, dar un alma, es hacer vivir.
Según el pensamiento judío, el alma se divide en dos tendencias: una superior (celestial) y la otra inferior (terrenal). El pensamiento judío considera también el principio macho (nefesh), el principio hembra (chajah); uno y otro están llamados a transformarse, a fin de poder llegar a ser un solo principio espiritual, rugh, el soplo, el espíritu. Éste está ligado a la imagen divina y cósmica de nubarrón, de niebla. El elemento vital o terrenal significa la exterioridad, el elemento espiritual o celestial, la interioridad.
El tema del viaje celestial del alma es indicado en la forma de un sol errante (curso solar desde la salida del sol hasta la puesta). El alma (alma-espíritu) en cuanto sustancia luminosa es comúnmente representada en forma de una llama o de un ave.
Jean Chevalier/Alain Gheerbrant. Diccionario de los Símbolos. Ed. Herder 1988 Pág. 79

Indios de América del Sur
Para los indios de América del Sur una sola palabra designa al alma, la sombra y la imagen. O bien el alma, el corazón (caribe) y el pulso (witoto).
El hombre tiene a menudo varias almas (2,3,5 y más) cuyas funciones son diferentes y la materia más o menos sutil; una sola gana generalmente el cielo después de la muerte, las otras permanecen con el cadáver, o bien, siendo de origen animal, se reencarnan en forma animal. Es una creencia general entre estos indios, que el sueño, lo mismo que a catalepsia o el trance, proviene de una pérdida temporal del alma.

África del Norte
En las concepciones populares de África del Norte, el cuerpo está habitado por dos almas: un alma vegetativa nefs, y un alma sutil o soplo rruh, al alma vegetativa corresponden las pasiones y el comportamiento emocional; es elevada por la sangre, su sede está en el hígado.
Al alma sutil o soplo corresponde la voluntad, circula dentro de los huesos, su sede está en el corazón.
El alma puede irse del cuerpo en forma de abeja o de una mariposa, pero lo más frecuente es que se manifieste tomando forma de ave.

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